Prueba el hidromasaje

La hidroterapia es una las técnicas más apropiadas para el cuidado de la piel. Existen dos tipos de hidroterapia, la interna y la externa. Ahora nos dedicaremos a explicarte el segundo tipo.

La importancia del agua para la vida humana es sabida por todos, la propiedad que tiene de adaptarse es amplia y es lo que se aprovecha en la hidroterapia para los chorros de agua y los atomizadores que se emplean para controlar la presión. También se utiliza la temperatura, según sea necesario se emplean chorros de agua a temperatura ambiente, fría y caliente (por separado o de manera alternada).

La hidroterapia se basa en un fundamento conocido por todos: toda acción tiene una reacción. Esta ley de Newton sirve para explicar el trabajo de la hidroterapia: Cuando se aplican chorros de agua caliente, la sangre llega más rápidamente a la superficie permitiendo que se abran los poros y se eliminen las toxinas de las glándulas sudoríparas, esto además es beneficioso porque la piel absorbe más rápidamente cualquier mezcla con agua destinada a aliviar dolores propios de la mala circulación o de la fatiga muscular.

Cuando se aplican chorros de agua fría, los vasos sanguíneos de la piel se contraen y esto es bueno para revitalizarla. Los chorros de agua fría no son aconsejables para niños menores de 7 años, tampoco en los ancianos y en las personas que tengan alguna dolencia cardiaca.

Los chorros intercalados de agua fría y caliente son utilizados para mejorar la circulación de la sangre.

Lo mejor de la hidroterapia es que uno la puede aplicar en su casa, aunque en un SPA complementaria la sesión con unos reparadores masajes.